Themo Lobos

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Galería Homenaje 100 años del
Comic en Chile

Dibujante entre otros personajes de:
Ferrilo
Mampato
Máximo Chambonez
Nick Obre
Alaraco
Agua de Boldo
Dolchevita

Biografía de Themo Lobos extraída del Sitio Oficial de Alaraco

Themo Lobos



Entrevista realizada en 1987, perdimos la fuente, así que quien sepa que nos diga por favor, para agregar los créditos.

Hoy, cuando el comic en Chile renace marginal, new wave y subterráneo, cuando en el mundo reemerge explosivo y se hace moda cultural, los lectores de El Peneca en los años 50 y del Mampato en los 70 seguramente recuerdan muy bien esa firma en tinta negra al pie de las historietas que devoraban con entusiasmo: Themo Lobos.

Lector voraz, arreglador de mundo en conversaciones de compadres, trabajador sin horarios ni oficinas, alaraco por sobre todas las cosas, este historietista y dibujante se ha hecho presente en los mundos de tres generaciones de niños: es el creador de Michote y Pericón, de Mampato y Ogú, de Ferrilo el Autómata, de Homero el Piloto, de Máximo Chambonez y de ese histérico Alaraco que desde las páginas del extinguido El Pingüino llegó a la televisión con el Jappening con Ja.

No se resigna, Themo, a la extinción del comic chileno: desde hace algunos años edita Cucalón, revista de historietas infantiles en la que revive a sus más conspicuos personajes.

¿Y desde cuando que dibuja, Themistocles?

Desde los siete años, calculo, y quizás un poquito antes. Al principio sólo copiaba dibujos, pero como a los 12 años me empecé a dar cuenta de que tenía que ser original, y comencé a hacer mis propias cosas. Eran dibujos serios, todavía, pero mi ambición era poder llegar a hacer monos como los de Quintín el Aventurero, historieta que leía con pasión en El Peneca. Mi mamá averiguó dónde podía estudiar, y así llegué a la Academia de Bellas Artes. Lo pasé muy bien, pero perdí el tiempo, porque no era lo que buscaba. Después descubrí la Escuela de Artes Aplicadas. Allí, en los ratos libres, hacía monos en los bordes de los cuadernos. Así nacieron mis primeros personajes: Ferrilo el Autómata y Homero el Piloto.

¿Y pensó entonces que esos monos marginales, de los bordes de los cuadernos, tendrían un destino tan masivo y popular?

No, fíjese. Aunque yo ambicionaba dibujar en una revista. Y eso ocurrió por necesidad, cuando en mi casa comenzó a haber dificultades para parar la olla. Yo, que todavía estaba estudiando, agarré mis monitos y comencé a recorrer empresas editoras. Caí bien parado. Un señor Alzola, que en ese tiempo era subdirector de La Nación, me contrató altiro con dos tiras para ilustrar la sección de avisos económicos. De ahí pasé a El Peneca, luego a Barrabases y finalmente a Mampato. También, trabajé en Cosquillas y en El Pingüino, de donde me echaron como tres veces porque los dibujantes siempre me escogían a mi para pedir aumento de sueldo. Mire, afortunadamente también se hacer letreros de micros, de esos que dicen "córrase al pasillo", "Si salió atrasado no es culpa del chofer", "Dios es mi copiloto", y así nunca me ha faltado trabajo, porque la verdad es que ya no hay revistas de historietas en Chile, no hay, y veo con desesperación que el 90 por ciento de los colegas están cesantes

¿Y qué pasó? ¿ Porqué se acabaron las revistas de historietas?

Aquí las revistas empezaron el año 25, y el mayor auge se vivió cuando se creó la editorial Quimantú. Entonces existieron cerca de 30 títulos diferentes de historietas, y de cada una se vendían entre 50.000 y 100.000 ejemplares. Había de todo: tiras cómicas, de aventuras, de guerra, de terror, infantiles... Todas esas revistas desaparecieron el año 73. Subsistió sólo Mampato, que era de la editorial Lord Cochrane. Duró hasta el 77, pero iba de mal en peor. De un tiraje de 100.000 ejemplares en su mejor época, bajó a 7.000. Entonces, a la Lord Cochrane le ofrecieron la impresión de la guía telefónica, y entre imprimir una revista que vendía tan poco e imprimir la guía, prefirieron la guía y cortaron la revista de un día para otro. Cuando Mampato terminó, desaparecieron las revistas infantiles en Chile.

¿Y las revistas de historietas y de chistes para adultos?

La única que quedaba era El Pingüino. Sucumbió por la baja del poder adquisitivo.

¿Y la televisión? No hay una especie de leyenda negra que dice que la televisión está destruyendo el comic.

Eso no es así. Mire lo que ocurre en los países europeos, en Estados Unidos, en Argentina: ¡nunca se habían vendido tantas historietas como ahora! Lo que ha matado al comic en Chile es el temor de los editores a invertir en revistas que piensan que no se van a vender. ¡pero están equivocados! Yo sé que la gente compraría revistas de historietas. Lo que ha pasado con Cucalón es interesante en este sentido. Estamos vendiendo. Y la respuesta del público es sorprendente. Llegan cartas enternecedoras...

¿Qué perdemos al no tener historietas?

Un montón de cosas. En primer lugar, se desperdicia un instrumento didáctico maravilloso. Está demostrado que la televisión no sirve para enseñar a leer, y los niños aprenden a leer con mucha más facilidad hojeando historietas que con un silabario. Es fantástico lo que ocurre cuando un niño descubre que el "globito" blanco de la historieta es el habla, el idioma. ¡Se fascina! El niño se identifica con los personajes, y si la historieta está hecha con seriedad, bien documentada, puede incluso aprender historia, ciencia, geografía. Lo otro que se pierde, y que es muy grave, es la posibilidad de ejercitar el humor. Cuando el humor no se ejercita, aparece la amargura, la negrura, el humor negro y el odio.

El humor casi siempre implica crítica, y hoy por hoy eso no parece ser muy bien tolerado...

El dibujante, claro, no se puede marginar de lo contingente. La gente tampoco puede perder su capacidad de crítica. Mire a los jóvenes de hoy. Ellos, en su amor a la historieta, se ven obligados a hacer cosas underground, cosas subterráneas.

Yo admiro mucho su trabajo. ¡A los jóvenes no se les puede quitar su derecho a criticar! El derecho de los jóvenes es ser inconformistas.

Este fenómeno de resurgimiento del comic, nacional e internacional, es fundamentalmente el resurgimiento de un comic para adultos. ¿Qué aportes ve usted en esta nueva producción?

El comic actual es diferente del antiguo, pero fíjese que no demasiado. La aventura sigue siendo el motivo principal. Hace 25 ó 30 años eran famosas las historias de Flash Gordon, de El Fantasma, y estaban dirigidas a los niños. Sin embargo, eran historietas para adultos, porque las, ropas de Dalia Arden eran muy provocativas, y las novias de El Fantasma eran todas niñas muy sexys. Entonces, a nadie se le ocurría que eso era inmoral. Y ahora, que al fin salieron historietas exclusivamente para adultos, bien diferenciadas, se las acusa de tener escenas pornográficas... Son de adultos, pensadas para adultos, nada más.

Yo le preguntaba por los aportes en términos gráficos, argumentales...

Pienso que hay mucho de regreso a lo antiguo. Yo creé un personaje: Pimpín el Aventurero, que es una caricatura del Quintín el Aventurero de El Peneca. Con Pimpín yo volví a los años 20, porque en esos años había posibilidad de aventura.

¿Y ahora no hay?

Hay aventuras violentas o pornográficas. Aventuras poco agradables, pero por cierto muy comerciales.

¿Qué aventura es posible en el Chile de 1987?

¡Ah! Hay una serie de aventuras, pero las de verdad, las que valen la pena de ser corridas, son todas muy peligrosas.

Dígame, ¿quién es Alaraco?

El Alaraco soy yo. Yo soy exagerado para todo. De repente me siento perseguido, odiado. Creé al personaje cuando estaba recién casado, por indicación de mi mujer. Ella me sugirió que lo inventara un día en que armé un escándalo terrible porque me faltaba el botón de una camisa.

¿Y Alaraco le sirvió de exorcismo para sacarse el alaraquismo?

¡Soy peor que antes!. Pero ahora mi alaraquismo es más pensado, más estudiado, hasta más inteligente.

Aparte de Alaraco ¿cuales son sus personajes más queridos?

Mampato y Ogú. Ogú, sobre todo. Yo creé a Ogú como una pareja de Mampato para que diera pie al chiste, pero este gola-gola me fue demostrando que tenía un alma interior mucho más rica de lo que yo pensaba. La verdad es que Mampato y Ogú se me escaparon de las manos. Empezaron a correr sus propias aventuras, y yo lo único que hacía era ser un cronista. ¿Un cronista? Sí, mire: cuando mi hijo Andros era chico, se me paraba al lado y veía cómo yo dibujaba. Para é1 los personajes de las historietas eran seres vivos y yo era sólo un narrador. Una vez Andros llegó a la casa desde el colegio: "Pucha, "Themo", me dijo, "el papá de fulano tiene una fábrica de juguetes de Plástico y tú no tienes una fábrica". Al otro día de nuevo: "Pucha, Themo, el papá de mengano tiene una dulcería...". Y yo era un dibujante, no más. Un día lleg6 y me miró con una cara de admiración rayana en la adoración y me preguntó: "Oye, Themo, ¿tú eres Themo Lobos?". Acababa de descubrir que yo no era el cronista, sino el autor, y él y sus compañeros de colegio se fascinaban con Mampato.

¿Y usted quisiera tener un cinto espacio temporal, como Mampato?

Muchísimo. Iría al futuro. Al futuro próximo. Por pura copucha de saber cómo van a ser las cosas, no más. Yo creo que lo más duro de la muerte es quedarse con la curiosidad de saber qué va a pasar después.

Ve tranquilo la muerte, usted.

¡Pero, claro! Si la muerte es cosa de este mundo. La gente se viene muriendo desde hace tiempo; hace tiempo la vienen matando también. La muerte es costumbre; lo demás es superstición, puro miedo al infierno. Todos creen que por cualquier pecadillo van a ir al infierno, ¡y no! Las maldades hechas con sinceridad, las maldades chicas, como las de la gula y el sexo, serán todas perdonadas. El único pecado real es arrebatarle la vida al prójimo y vivir de la muerte de los demás.

(Entrevista extraída de la Revista Que Pasa, y que hace referencia a la Feria del Libro de 1996)




"MAMPATO ES UN JOVEN PROGRESISTA"




El creador de la famosa historieta de los 70 habla sobre el revival que está experimentando su creación y de las razones que llevaron a su desaparición en 1974.

(por Carmen Rodríguez)

Dicen que en la reciente Feria del Libro de Santiago no hubo figuras glamorosas ni escritores que causaran revuelo.

Sin embargo, quienes fueron a la Estación Mapocho el 7 de diciembre pudieron ver la única escena de aglomeración y efervescencia de esta versión de la Feria.

Ese día, en el stand de editorial Dolmen, desde las 7 de la tarde, se pudo apreciar un tumulto de proporciones, que derivó en una interminable fila.

Al final de esa "cola", inclinado en una mesa chiquitita estaba el dibujante Themo Lobos (68 años) firmando dedicatorias de su nuevo libro de historietas.

Estuvo allí cuatro horas, hasta que cerró la Feria. Y terminó tan cansado que los últimos autógrafos los firmó como "Themo López".

Kili Kilis y Gola Golas se llama la primera edición de esta serie, que contempla las historietas de Mampato y Ogú, ya publicadas en la antigua revista Mampato, más otras inéditas.

La publicación será mensual y se distribuirá también en otros países de América Latina.

El próximo capítulo, que saldrá en enero, será la historia de Mampato y Rena en el siglo 40.

En ambas ediciones quedarán presentados los personajes que forman la trilogía más famosa de Themo Lobos: Mampato, Ogú y Rena.

Mampato es un niño chileno, de unos 12 ó 13 años, poseedor del "cinto espacio temporal", que le permite trasladarse en el tiempo y en el espacio.

Ogú, su inseparable compañero de correrías, es un cavernícola a quien conoció en un viaje a la Prehistoria.

Y Rena es una niña del futuro, su amor platónico, que tiene poderes telepáticos.

- ¿Cuántas generaciones leen a Mampato?

- Varias.

Me he encontrado con muchas sorpresas: niños de 5 años que les piden a sus papás que les lean la historieta, y señores de 40 que me dicen: "Yo estaba enamorado de Rena".

También hay personas de 70, académicos de pelo blanco, que buscan las implicancias sociológicas y políticas y me hacen preguntas muy "cuero de diablo".

Por ejemplo: "¿de qué tendencia política es Mampato?".

Les respondo que yo nunca he intentado hacer proselitismo a través de la historieta, pero que es inevitable que se transparente lo que uno es.

- ¿Y qué refleja Mampato?

- El es un joven progresista.

En el año 85, en Chillán, en un salón lleno, me preguntaron si Mampato luchaba contra las dictaduras.

Es que hubo una historieta, la de El árbol gigante, en la que los mutantes amarillos luchan contra un dictador, Fergus.

Esa historia la comencé el 73, antes del golpe, y terminó el 74. No fue algo intencional.

Yo nunca quise panfletizar mis trabajos.

El discurso político no le queda bien a una historieta dirigida a los niños.

Ellos no están maleados con odiosidades o diferencias políticas y religiosas.

Pero sí he tratado de entregar ideas libertarias, libres de fanatismo de cualquier tipo.

- En su libro Paula, Isabel Allende afirma que, en esos años, a ella la sacaron de la dirección de la revista Mampato por una portada que mostraba la caricatura de cuatro orangutanes.

- Esa portada la dibujó Oscar Vega, pero creo que no fue algo premeditado.

En todo caso, las dificultades que tuvo Isabel entonces fueron más bien a causa de su apellido.

Después de ella llegó Vittorio Di Girólamo como director.

En ese tiempo hubo grandes dificultades para trabajar con tranquilidad. A Vittorio le pusieron muchos problemas por las historietas.

Además de El árbol gigante, hice una ambientada a fines de la Primera Guerra Mundial, coprotagonizada por el Piloto Loco, en la que aparecía Ogú pegándoles garrotazos a unos militares franceses o alemanes. Esto les pareció muy mal a las autoridades de la época.

- ¿Esto precipitó el fin de Mampato?

- En ese tiempo la revista estaba trayendo problemas de ese tipo.

Pero también hay que considerar la recesión económica de esos años. La gente ya no tuvo plata para comprar revistas. De los 100.000 ejemplares que llegó a tener semanalmente la revista, bajó a 30.000.

Así que en ese tiempo hubo otras prioridades para la editorial.

Convenía más, por ejemplo, imprimir los 300.000 ejemplares de la guía telefónica. Y decidieron terminar Mampato porque su tiraje seguía bajando.

La historia que yo estaba dibujando en ese momento se cortó de golpe y porrazo y quedó inconclusa. La terminé más adelante y ahora va a salir publicada completa.

- ¿Qué pasó con usted entonces?

- Después de que se acabó Mampato vinieron unos meses "azules"; años, en realidad. Cuatro o cinco.

Me dediqué a hacer trabajos institucionales: la historia del cobre, la del salitre, la del petróleo, la del agua potable, la del Padre Hurtado, la de Teresa de Los Andes.

- Pero también intentó continuar con Mampato y creó su propia revista a la que, además, le puso, Pimpín, en la onda de Mampato.

¿Por qué no resultó?

- Pimpín duró sólo cuatro números. Se acabó porque no tuvo publicidad. Con $ 10 millones habría podido promocionarla en TV. Sin eso, dependía de que la gente la descubriera en los quioscos.

- Lo mismo le pasó con otros intentos, como Ogú y Cucalón.

- Primero hice Ogú, que duró ocho números. Y después Cucalón, que acaba de llegar a la cincuentena, pero en forma discontinuada en todos estos años. Se ponían en los quioscos y el que la pillaba, la pillaba. Pero los pocos que la descubrieron se hicieron fanáticos de ella.

Se ha seguido vendiendo a través de las devoluciones de números antiguos. Con ellos se hicieron tomos que se han vendido como pan caliente.

- Pero recién ahora hay un revival de Mampato. ¿Por qué, después de tantos intentos frustrados?

- Aquí pasó algo especial. Algo que se transmitió en el espacio, en el aire.

Yo pensaba que tendría que haber algún editor que se interesara en esto. Y algún día de esos iba a ir a hablar con alguno.

Juan Carlos Sáez, gerente general de editorial Dolmen, estaba haciendo un viaje a Colombia y en el avión leyó una entrevista que me hizo la revista Hoy a fines del año pasado.

El era hincha de Mampato cuando chico y no podía creer que hasta ahora ninguna editorial grande me hubiera llamado. Dice que adelantó su viaje de regreso para venir a hablar conmigo.

Lo primero que me preguntó: "¿Ha firmado con alguien alguna vez?".

No, le dije.

"Ahhh, qué bueno. Ahora conversemos".

- ¿Qué historias inéditas de Mampato y Ogú incluye la colección?

- Mampato y Ogú en el Tíbet, por ejemplo.

Y la verdad de cómo se hicieron las Stonehenge, la formación de piedras que hay en Inglaterra. Se han hecho una serie de especulaciones sobre qué serían: algunos esudiosos dicen que son un calendario solar; otros, un centro religioso. Mampato va a descubrir su origen.

También con Rena quieren averiguar cómo fue la Torre de Babel y van a descubrir qué pasó ahí.

- Estos personajes son originales, pero no tanto. Ogú es análogo a Obelix, y Mampato a Asterix. Uno es grande y fuerte, pero torpe; y el otro pequeñito pero listo.


- Sí, pero esto no significa una copia.

Si es por eso, se podría decir que Asterix y Obelix les copiaron a Don Quijote y Sancho Panza. O a Mickey y Tribilín. Las duplas son así.

Siempre tiene que haber uno bueno para los combos y otro que hace funcionar mejor la cabeza. Es una especie de esquema.

A todos les gusta tener un amigo que lo acompañe en sus correrías. Y para Mampato ése es Ogú.

Y si además está la niñita de la vuelta, que le ha gustado siempre, mejor.

Entonces puse a tres personajes: Ogú, que pone el humor; Rena, que hace la parte tierna; y Mampato, que se mete en la aventura y va solucionando todo.

- ¿Mampato está enamorado de Rena?

- Sí.

Por ahí se dieron un beso, una vez, en una despedida. Entonces, Mampato le dice "me casaría contigo" y ella responde "cuando tenga la edad suficiente, no me casaría con nadie que no fueras tú".

Eso satisface todas las fantasías de los jóvenes y los niños.

- ¿Estos personajes han ido cambiando o siguen igual que en los 70? - Sí, hay pequeños cambios.

De pronto en la casa de Mampato ahora se va a ver un computador, o un televisor en colores. La mamá ya no va a estar barriendo la casa sino con una aspiradora.

- ¿Cree que los niños de los 90 son como los de los 70?

- Sí, los niños son iguales siempre.

Mantienen el deseo de aventura, la fantasía y también un afán escapista, un deseo de escapar de las dificultades del mundo actual. Y, por mucho que tengan juguetes electrónicos, no dejan de pensar cómo se verían ellos sólo con un cuchillo o una escopeta en medio de la selva.

- ¿Cómo se ha planteado llegar a la generación hija de los juegos electrónicos?

- Simplemente con mis historietas.

Los capto con más facilidad que los juegos electrónicos porque a la larga éstos aburren. Yo tengo siete nietos con edades entre 15 años y un año y medio, y todos son fanáticos de mis historietas.

- ¿Por qué cree usted que la historieta en Chile se ha reducido al ámbito "under"?

- Chile era el principal productor de historietas en Latinoamérica junto a Argentina.

Pero después de 1973 esto cambió drásticamente. Y desaparecimos en ese rubro, justo cuando en el resto del mundo se están haciendo más comics que nunca.

Antes, editoriales nacionales como Zig Zag y Quimantú, vendían un millón de revistas mensuales. Todo esto desapareció.

Y como no tenían dónde expresarse, los jóvenes con ansias de dibujar, que son muchos, tuvieron que expresarse en el "under". De ahí vienen los múltiples fancines que hay en Chile: historietas que vienen en fotocopias.

Los propios dibujantes sacan las fotocopias de sus originales y si después recuperan esa plata, se dan por contentos.


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